Testimonio P. Arnaldo AlvaradoLa vocación sacerdotal es la llamada que Dios hace a un hombre escogido por Él desde toda la eternidad.
No existen hombres sin vocación, Todos estamos llamados a alcanzar una vida santa. ¡Todos estamos llamados a participar de la vida íntima de Dios!.
De ahí la importancia del apostolado, esto es, de acercar a los demás a Dios, y de configurar nuestra vida según el querer de Dios: la santidad en la vida ordinaria.
Antes pensaba que los sacerdotes eran “hombres especiales”, hombres de otro mundo, extraños a la historia de los hombres.
Pero no. A medida que fui creciendo y conociendo más de cerca al sacerdote, caí en la cuenta que ellos también eran mortales, y frágiles como cualquier hombre y mucho más preocupados de los gozos, alegrías, temores y esperanzas de los hombres.
La invitación que Dios hace a seguir los pasos de Cristo, especialmente a los sacerdotes, conlleva muchas exigencias; pero resulta paradójico: cuánto más exige Dios y uno responde generosamente, será más feliz y más libre.
La llamada amorosa de Dios pueden venir de personas menos esperadas: un amigo, una noticia, una lectura...La vocación, la llamada de Dios, exige nuestra respuesta. Esta respuesta es la decisión más importante en la vida.
Ante la llamada podemos poner excusas como: “No soy capaz”, “se han equivocado”, “esto no es para mí”, “¿qué será de mi familia?”. .. Todas esas preguntas deben ser respondidas a la luz de Dios en la intimidad de la oración.
Por ello, es importante acudir a personas adecuadas, y a centros o lugares aptos para discernir lo que Dios quiere. ¡No tengas miedo a mirar a Dios y comprometerte con Él!
La Vocación sacerdotal es un don y misterio, pero que exige una entrega libre. Con palabras del Evangelio: dejando las redes (intereses humanos, planes personales) para embarcarse en la barca de Dios.
¡Jesús necesita que su barca sea remada por gente generosa y magnánima!Deseo animar, por tanto, a todos a conocer más la vocación sacerdotal: jóvenes, padres de familia y maestros.
Hace ocho años me animó a participar de un “Encuentro Vocacional” mi párroco de Pacarán, el Rvdo. P. Víctor Raúl de la Cruz, a quien estoy hoy aún más agradecido que entonces.
Allí descubrí mi vocación. Pasamos el tiempo orando, meditando, escuchando la Voz de Dios; pero también haciendo deporte, excursiones, conversando, estudiando, etc.
No esperes más tiempo, acude al próximo encuentro vocacional organizado por el Seminario Mayor de Cañete. Te esperamos. ¡Vale la pena!
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