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Ni bien empieza diciembre me invade el espíritu navideño. Pero no se confunda, no soy de los que canta villancicos, a este nada humilde columnista cada fin de año lo toma por asalto el espíritu de la desigualdad. Algunos comen panetones que hay que remojarlo tres días para que en nochebuena esté blandito, mientras otros disfrutan su D’onofrio en lata. Algunos niños lucen sus mejores regalos, mientras que otros deben conformarse con el carrito de plástico que algún municipio caritativo les dio, previa cola de cuatro horas y media. Escuchen bien, señores, detesto la navidad en nuestra aldea por una sencilla razón: porque en esta época por las calles los pobres se ven más pobres y los ricos más ricos. Esa navidad no me gusta, me repele, me molesta, me indigna.
Soy un convencido de que muchos que pensamos igual, pero como casi siempre soy uno de los pocos que lo pone sobre el papel. Pese a todo lo dicho, he querido - para mi último artículo del año – dejar de lado mi habitual indiferencia y desterrar (por un rato nomás) el odio de mi alma. Aunque no lo crean me he llenado de ese amor que dicen trae la llegada del niño Dios y me veo obligado a regalar por doquier.
Es mejor dar que recibir - me dijo una vez Kina Malpartida - así que ahí voy. Prepárense políticos, politiqueros, periodistas, candidatos y todo aquel que me caiga mal, Taita Noel les trae regalitos para todos.
Javier Alvarado: Pensando en su imagen, a nuestro querido alcalde provincial le hemos reservado un nuevo y exclusivo juego de sombreros. Incluye colores de verano como el rosado y el amarillo patito.
Liliana Torres: Por si no lo saben es regidora. A la “Rosita de Espinar” del municipio cañetano le hemos conseguido – gracias a un descuento en Inkafarma – una buena dosis para todo el año de ubicaína de 250 miligramos que deberá aplicarse directamente a la vena. La va necesitar si es verdad que sueña con ser alcaldesa provincial.
Richard Yactayo: Un nuevo equipo de regidores que no lo soboneen y le hagan saber sus enormes metidas de pata. Eso creemos le hace falta al buen alcalde de Imperial. No se equivoque, no le decimos “buen” porque sea buena autoridad, se lo decimos por buena gente nomás.
Ovidio Espinoza: A nuestro amigo, el alcalde Lunahuaná, le preparamos con mucho cariño - yo y mis duendes - una botella de litro y medio de una fórmula especial que ayudará a calmar sus nervios después de la revocatoria. Contiene: valeriana, manzanilla, tilo, agua de azahar, agua del Carmen, wawasana y Prozac. Tomar una cucharadita después de cada comida, o cuando llame vuestro jefe, Javier.
Percy Alcalá: El regidor es un caso especial. Por decisión unánime le haremos llegar un buen baño de florecimiento. Dicen que cada vez que aparece en la foto, nada sale bien. Presidía las fiestas de Cañete y se cancelaron por el terremoto y después por la pandemia gripal. Cantó y bailó por la sede regional y la universidad de Cañete y oh! sorpresa hasta ahora, nada se concreta. Por los clavos de Cristo, no permita que le hagan fama de salado.
Pablo Nalda: Al inefable alcalde de Chilca le regalamos tres galones de memorex. Es que el cabecita de algodón ya no se acuerda de los escándalos que se ganó por permitir la instalación de tres termoeléctricas (Egechilca, Globeleq y Enersur) y por el mal uso de los bonos de reconstrucción para los damnificados del terremoto. Pobre caballero, derepente ya no se acuerda ni que hubo terremoto. En fin.
Nelson Chui: Varios cañetanos de buen corazón, hemos hecho una chanchita para darle a nuestro chinito un merecido paseo de relax. El destino escogido para que se olvide los cuestionamientos y se reconforte de esa paz que merece es un tour por Medio Oriente. Ojo: solo nos alcanzó para el boleto de ida. Porqué será?
Crnel. Wilfredo Juan Gonzáles: Una cita con un buen oculista y un kilo y medio de huevos. Al parecer el jefe de la policía en Cañete no sabe o no quiere ver dónde están los maleantes que roban en las esquinas o huyen en mototaxis. Tan difícil es ubicar y erradicar a estos indeseables en San Vicente que tiene ocho calles? Ya pues, coronel reciba nuestro obsequio que buena falta le hace.
Jorge Brignole: A nuestro ex alcalde ya no podemos darle sombreros porque el juego completo se lo dimos a Alvarado, pero le estamos gestionando urgente un transplante de hígado. De tanto renegar en su programa, lo necesita. Hay que conservar sanito a nuestro amigo para que se lance al congreso próximamente.
Rómulo Pardo: Al voceado candidato a la alcaldía, le daremos a escoger. Podemos hacerlo amistar con Jorge Brignole o puede quedarse con tres docenas de firmas para que inscriba de una buena vez su partido.
Juana Raspa de Pain: A la señora alcaldesa de Cerro Azul, perica y fiel admiradora de la belleza masculina, como nos cuentan que es, le haremos llegar - vía courier – un póster tamaño natural de nuestro alcalde provincial en hilo dental. La puede colocar en su habitación o donde más prefiera. No se emocione mucho, es fotomontaje.
Mirtha Yactayo: Una nueva cuñada. Que no le haga la bronca y que lea mejor las noticias. Creo que por ser buena locutora y haberse portado bien con su esposo (mi amigo Toño) se la ganó. Te haremos llegar el catálogo.
José Espinoza Peña: ¿Conocen a este señor? Pues háganle recordar que es el teniente alcalde o primer regidor de Cañete y nos atrevemos a señalar esto porque en los tres años de gestión y ha representado una vez al alcalde en una ceremonia o reunión es demasiado. Pero si su negocio de vino le llena bien la billetera, para que mal ocupa el escaño de autoridad municipal, que muy bien podría haber sido destinado a otro, que anteponga el bien comunal al mercantilismo personal. Pero como es el “causita” del alcalde ese lugar ya lo tenía separado tan igual como sucedió en Lunahuaná. Le regalaremos una guía de calles de San Vicente, para que sepa llegar a la sede municipal.
Ahora que he cumplido con mi deber de compartir con los que menos tienen, este aspirante a reno navideño emprende veloz retirada no sin antes compartir ahora algunas preguntas que rondan en mi cabeza. ¿Por qué la navidad siempre llega con noticias que reportan muertos en talleres clandestinos y chibolos que se vuelan la mano por algún cohetón? ¿Por qué en navidad aparecen más niños pobres, cientos de ancianos sin familia, mendigos como hormigas y, miles de ladrones? ¿Por qué dicen que la navidad trae paz, si en esa época la gente sale como loca y por montones a las calles sin dejarnos caminar y los taxistas inundan las pistas, convirtiendo todo en un caos? ¿Por qué carajo comen pavo si es la carne más fea que he probado y que probablemente durante todo el año nunca se les ocurre comer? ¿Por qué decoras tu casa con nieve si en diciembre ya estamos en verano? ¿Alguna vez has visto un trineo de verdad o un reno? No confundir con llama o alpaca. ¿Por qué “miércoles” tienen que asustar a mis perritos unos cuántos chibolos pirañas que festejan reventando bombardas? ¿Por qué te computas buena gente al regalar ropa vieja a la parroquia o invitándole un tazón de chocolate caliente al guachimán de tu cuadra? Tengo mucho que decir pero el odioso del director me ha pedido que sea breve, que no hay espacio para mi columna, dice. Pamplinas. A él y a ustedes les digo que por eso y muchas cosas más, no vengan a mi casa, esta navidad. Para año nuevo tampoco.
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